lunes, 4 de marzo de 2013

Te para tres

Desperté, olía a sangre, la amnesia de alcohol en exceso rondaba mi mente, luego el flash, racconto rápido y reverso de la noche anterior. Todo empezó en esa fogata, ahí estabamos los tres, ese niño pequeño con boca de botón, pelo liso y lacio con un corte de principe valiente, enfrente de nosotros ese tipo, delgado con ojeras, una cicatriz recorría su mejilla, lo reconocí, su olor a alcohol y transpiración de cocaína eran inconfundibles, si un alcóholico cocaínomano, ¡pero era extraña esa junta!, él, este niño y yo, nada en común nos unía.

El flaco levantó los ojos y me miró, ese odio en su mirada atravezaba la piel y llegaba hasta los huesos, luego movió su cuello a la izquierda haciendolo sonar, repitió el movimiento a la derecha, bajo un poco la cabeza y como un lobo agazapado listo para el ataque miró al niño, él tembló y me tomó la mano, entonces miré hacia abajo, sólo entonces lo observe bien, estaba magullado, herido y tenía una cicatriz que recorría su mejilla. Una gota de sangre manchó mi mano, venía de mi ceja izquierda. Volví a mirar a ese demonio de carne y hueso que estaba enfrente, lo conocía sólo por comentarios, alguna vez paso por mi lado en el pasado; al niño lo ví un par de veces antes, en un cumpleaños, en un hospital, en una estación de trenes, en una cancha de futbol y bajo la lluvia.

Levante la vista y el hombre-demonio estaba ahí, brazos cruzados y pecho inflado, altaneramente nos miraba, me hizo sentir como un insecto, pero no temblé, ese era su poder manejar a la gente por el terror, si te sentías inferior pasabas a ser su juguete y olvidate de tomar decisiones propias.

El niño apretó mi mano, luego insistió, me estaba llamando, pero no quería que este otro tipo se diera cuenta, me acerque sutílmente y me contó un secreto, mi cara enrojeció, la espalda se tensó, los músculos de mis brazos y piernas querían estallar, la piel apenas aguantaba tanta presión. Entonces lo friamente pensé... como una jugada de ajedrez, pero rápido como una quite de balón, debía matar al flaco, él había golpeado al niño.

Como hacerlo, debía ser rápido y certero un error y terminaría muerto y el niño en sus manos para ser torturado. ¿Cómo hacerlo? el alcohol que tenía en el cuerpo lo hacían aguantar más dolor que yo y la cocaína en su sistema más rápido, debía ser certero, pero tenía unas ganas de torturarlo, mas era imposible, era más fuerte, ¿cómo hacerlo?, mi vida dependía de eso y el futuro del niño también.

Actuar... empuñé la mano derecha y cojí un poco de tierra, brinque sobre la fogata y arrojé la tierra a su rostro, alcanzo a taparse y cuando se iba a incorporar en el contraataque gritó, ferozmente, abrió la boca y sus ojos se tornaron rojos, pero la seguridad en su superioridad lo traicionaron, no vió mi mano izquierda tomar una tea ardiendo y esconderla mientras tiraba la tierra a su cara, introduje ese palo en su boca, hasta su garganta produciendo una quemadura dolorosa y sorda, cayó incado a mis pies y antes que pudiera retirar la daga de madera la hundí con mi pie izquierdo hasta que salió por su nuca, luego retrocedí como un gato, abracé al niño y tapé sus ojos mientras miraba al hombre-demonio, este me miraba con los ojos salidos, sorprendido de mis movimientos y determinación, había sido vencido, luego cayó hacia el frente, su cabeza sobre la hoguera y se prendió lentamente, no hubo respiración, el fuego de la antorcha habia sellado su garganta con su propio aceite.

Que extraña noche, creo que no beberé nunca más, lo asesiné y no tuve remordimientos.

Después de recordar todo miré mi dormitorio, ahi estaba mi poleron manchado de sangre, habría que lavarlo, el niño dormía acurrucado, estaba feliz.

Bajé y me bañé, preparé desayuno y una mamadera para el chico, lo desperté y desayunamos en silencio y nos fuimos a caminar por la ciudad.

Si me ven por la calle verás que de mi mano derecha camina ese niño, siempre saltando y mirando a todos lados, hablando, sonriendo e inventando aventuras y sólo algunos días me verán con el polerón con una mancha granate en el pecho.

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