martes, 29 de enero de 2013

Experimentando con música

Salí a caminar con música en los oídos, caminé lentamente por Errazuriz, lento, muy lento, llegue al muelle Barón, segundo piso, a mirar el mar cuando el sol ya había caído y la ciudad era bañada por un claroscuro, el verde del agua, la ciudad abrió sus ojos y Santana en mi cerebro. De vuelta, tenia que jugar un pool con mi amigo-alumno. Europa de Carlitos ya me había sintonizado un poco. De vuelta por Errazuriz y James Blunt con Same Mistake dió un toque, su "so here i go", casi las lágrimas me cubrieron los ojos, me estaba perdonando, me estaba yo dando una segunda oportunidad para no cometer los mismos errores, es distinta la canción de cuando te la cantaba a ti a cuando me la cantaba a mi yo interno. Terminé de sintonizarme para que mágicamente apareciera el señor de los tóxicos bohemios, Mr. Lou Reed con Perfect Day, si esa canción que tantas veces te cantaba los fines de semana cuando estábamos juntos y eran así, perfectos, pero ya estaba sintonizado, me la cante a mi, al final la tarde la había pasado conmigo y me estaba gustando pasarla conmigo, yo era el que me hacía pasar un día perfecto, el que me mantenía bien, el que me tenía a gusto y caminaba lento, tocando la baranda de la línea del tren y me acordaba de lo bueno que era y de lo malo que fui y estaba fascinado conmigo, con mi existencia, miraba sin mirar, gente sin rostro pasaba corriendo, caminando, en bicicleta o patines, y caí en el hechizo dejé de caminar por la ciudad, ya no caminaba, me desplazaba, flotaba en forma imperceptible unos cuantos micrones sobre el cemento sucio.
Encontré un carnet argentino y lo deje en la comisaria, una buena acción todos los días. Entre al pool y la chica que estaba en esa mesa se parecía a ti, no quizás no, pero mi cerebro jugó a que se pareciera, a que te aparecieras, subí y gané la primera mesa y en la segunda logré un estado de concentración extraño, creo que andaba místico y dije "mira Ricardo haré magia" un golpe directo a la bola 8 para que golpeara a la 12 que lentamente se fue por la banda y cayó a la buchaca de la esquina. El aire estaba distinto, raro, denso, copado de algo que no entendía, las voces muy lejanas, el ruido ambiente muy suave. Y ahí entendí todo a la vez, me fui.

Hoy juego a experimentar, subí tranquilo a casa y solo llegue con 72 pulsaciones por minuto, algo extraño para subir Ferrari. Sólo en casa  puse música para meditar y relajarme, la de Eric Serra y sus delfines me encanta, logré bajar tanto mis pulsaciones que me tengo frío, y aunque afuera hay sol estoy con ropita de polar.

Estoy acá feliz y daltónico como dice Counting Crows. Soy un beagle y no puedo ser un delfín...

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