Él se levantó apurado
como siempre, la noche anterior con un sueño mal dormido no habían reparado su mente cansada... para nada, la maldita parálisis de sueño lo tenía
cansado, ese momento en el que el diablo se sienta en tu pecho y no
puedes reaccionar, descansar resulta imposible. Necesitaba un psicólogo o un psiquiatra o un maldito tratamiento para dejar el polvito que ayudaba a funcionar.
Somnoliento entró al baño, como un
autómata abrió la llave y dejó caer el agua sobre su pelo, lavó sus dientes, se vistió y se
encontró al comedor.
Ahí estaba ella, pintada y fumando el primer cigarro del día, para darle la bienvenida al sol con un café tibio y un paquete de galletas de avena en el bolsillo, lista para salir.
- Hola
- Hola
- Te ves cansado.
- Si, no dormí bien, creo que anoche grite tu nombre muchas veces para que me ayudaras, pero no me salía la voz.
- Mmmmm, ¿volvió la paralisis de sueño?. No te escuche.
- Si hace rato que volvió. ¿te acuerdas que antes te dabas cuenta y me despertabas?
- Ahhh no te pongas sentimental tan temprano, sabes que también estoy agotada...
- Bueno, sólo lo decía... igual es incómodo...lo siento si te importune.
- No, para nada, pero se me hace tarde ¿me vas a de dejar al bus?. Cuando vuelva te hago cariño para que te relajes y puedas dormir bien.
El sabía que esa última frase concluía el dialogo matutino, era un consuelo, un placebo, esas promesas de caricias no pasarían de promesas, se sintió sólo como nunca nates, SÓLO.
Bajaron los cuatro juegos de escaleras que los separaban de la calle, se tomaron de las manos como todos los días que no eran jueves, el camino lo conocía de memoria, ese perro en la puerta y sus botas blancas, los 158 pasos que tenía que andar hasta el micro bus y luego un beso, un adiós y nos “vemos en la noche”.
Deja-vu de esa película de domingo a media tarde... como sellamaba?... "El día de la marmota", claro.... esa situación que se repetía y se repetía, con pequeños cambios, pero siempre con el mismo final... a la noche, al volver cansada, se duchaba o daba un baño de tina, secaba el pelo, dos cigarros y se dormía en su pecho.
Una extraña brisa, una aura, una bruma matutina l ehicieron sentir por un breve instante que aquel día sería distinto, él no lo sospechaba, ese trayecto tan andado cambiaría su vida, esa cuadra, esos 158 pasos que debía caminar serían todo para los 82 años que viviría, los 53 años que le quedaban por delante.
Ahí estaba ella, pintada y fumando el primer cigarro del día, para darle la bienvenida al sol con un café tibio y un paquete de galletas de avena en el bolsillo, lista para salir.
- Hola
- Hola
- Te ves cansado.
- Si, no dormí bien, creo que anoche grite tu nombre muchas veces para que me ayudaras, pero no me salía la voz.
- Mmmmm, ¿volvió la paralisis de sueño?. No te escuche.
- Si hace rato que volvió. ¿te acuerdas que antes te dabas cuenta y me despertabas?
- Ahhh no te pongas sentimental tan temprano, sabes que también estoy agotada...
- Bueno, sólo lo decía... igual es incómodo...lo siento si te importune.
- No, para nada, pero se me hace tarde ¿me vas a de dejar al bus?. Cuando vuelva te hago cariño para que te relajes y puedas dormir bien.
El sabía que esa última frase concluía el dialogo matutino, era un consuelo, un placebo, esas promesas de caricias no pasarían de promesas, se sintió sólo como nunca nates, SÓLO.
Bajaron los cuatro juegos de escaleras que los separaban de la calle, se tomaron de las manos como todos los días que no eran jueves, el camino lo conocía de memoria, ese perro en la puerta y sus botas blancas, los 158 pasos que tenía que andar hasta el micro bus y luego un beso, un adiós y nos “vemos en la noche”.
Deja-vu de esa película de domingo a media tarde... como sellamaba?... "El día de la marmota", claro.... esa situación que se repetía y se repetía, con pequeños cambios, pero siempre con el mismo final... a la noche, al volver cansada, se duchaba o daba un baño de tina, secaba el pelo, dos cigarros y se dormía en su pecho.
Una extraña brisa, una aura, una bruma matutina l ehicieron sentir por un breve instante que aquel día sería distinto, él no lo sospechaba, ese trayecto tan andado cambiaría su vida, esa cuadra, esos 158 pasos que debía caminar serían todo para los 82 años que viviría, los 53 años que le quedaban por delante.
Bajó, abrió la puerta y
caminó.... caminaron.
Y camino....
ResponderEliminarme gusta, de este final tienes el perfecto comienzo
para otro inicio mas.-